Jurassic World: Rebirth - Gareth Edwards (2025)
Luego, Mahershala Alí, que no es el gran actor y que en Green Book (2018) era casi el patiño de Viggo Mortensen, aquí debe ser el héroe que vence cosas que no están allí. Imagina actuar con miedo frente a un dinosaurio que no existe. Suena difícil. ¿A dónde miras? ¿Huyes o peleas? Para colmo, nunca se quita la boina y no se le cae ni aunque nada bajo el agua.
Digamos que ese par de personajes es bobo pero aceptable. Se viene lo peor. La historia es que una gran farmacéutica necesita sangre de los tres dinosaurios vivos más grandes para hacer una medicina para el corazón. ¿Por qué tres? ¿Por qué deben ser un aéreo, un acuático y un terrestre? ¿Por qué no basta que sean los más grandes? No importa, eso es un pretexto idiota para que la cinta se estructure en tres capítulos igualmente malos. El caso es que Scarlett y Mahershala son los indicados para ir a unas islas (territorio prohibido) cerca de la Guyana francesa a recolectar las muestras.
Pero como toda cinta de dinosaurios necesita niños y jóvenes. Por pura casualidad fantástica, un padre con sus dos hijas y el novio de una de ellas pasean en velero allí en el territorio prohibido. Obvio naufragan por obra de los dinos y los sicarios deciden que sus prioridades pueden esperar para rescatar un velero.
El dinero es tan cabrón que Manuel García-Rulfo, el mismo de Pedro Páramo (2024), aceptó un papel que lo obliga a soportar gritos de una hija adolescente interpretada por la poco talentosa Luna Blaise y a decir que es padre de una niña con apariencia de refugiada recién salida del Tapón del Darién. ¿Por qué son así? Todos lucen peinados y bañados y la niña horrible, parece hija de Noroña. Para colmo, el señor Rulfo debe elogiar a un idiota flojo que carece de gracia, metido para que las adolescentes lo admiren sin camisa. Si el personaje de Rulfo es patético, los tres jóvenes que lo acompañan son odiosos.
La cinta es tan descaradamente publicitaria que puedes imaginar el diseño de las atracciones en el parque correspondiente. Un recorrido en balsa inflable con algunos sustos. Un recorrido por túneles en los que te persigue un pterodáctilo. Quizá una atracción para adultos que implique un descenso en rappel. Y otra atracción para los más chicos viajen en un bote desde el que puedan admirar las diferentes especies de dinos sin sentirse amenazados.
Mientras la veía sólo podía desear que los dinos se comieran a todos, del más joven al más viejo. Pero la cinta tiene ese encanto de ser absolutamente ridícula. Confieso que me será difícil olvidar tanto sin sentido. Un tiranosaurio rex captura un helicóptero. ¡Wow! Un humano acaricia la pata de un dino que está en su ritual de apareamiento. ¡Wow! Scarlett hace chistes. ¡Wow!
Los últimos clavos del ataúd son: 1) La cinta es WOKE y nos instruye a creerle a una adolescente idiota porque es mujer que dice que sufre violencia. 2) Esta aventura amenaza con continuar porque la niña se lleva a casa un baby dino. No importa que antes se hubiera establecido que sólo pueden vivir en el Ecuador ni que el primer ataque haya sido en el mar. Todos se van tranquilos en una lancha con el material genético obtenido y un baby al que llaman Dolores. ¿Qué podría salir mal?
No quiero exagerar, pero esto es lo peor que he visto en años. Es tan malo que me sorprende que sea un éxito en taquilla. Algo está mal en la Matrix. Es tan mala que tiene potencial como placer culpable a pesar de que Scarlett luce gorda. Comparada con esta cinta, la de Bryce Dallas Howard corriendo en tacones por la selva es una obra maestra de la verosimilitud. (Ab.)
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