Ferdinand - Carlos Saldanha (2017)


 OLÉ, en Netflix, es una buena cinta de animación que en otros tiempos no hubiera necesitado la aclaración: 100% fantasía. Pero como los niños ya no van al mercado a ver pollos muertos ni cabezas de cerdo ni al establo a comprar leche entre mierda de vaca, se ha vuelto necesario aclarar que todo lo que ves aquí carece de base real. La tauromaquia existe, pero eso fue todo lo que investigaron los tres escritores. En consecuencia, es necesario hacer notar que en la realidad existe un procedimiento llamado TIENTA, que Ferdinand (por ser un toro pacífico) no aprobaría. En la realidad, un toro manso jamás debería pisar el ruedo. Saltado esto, es posible que pases muy buen rato mirando esta cinta descabellada en que Ferdinand, un novillo, se escapa de la terrible ganadería que lo vio nacer y se convierte en mascota de una niña que lo engorda con zanahorias. Pero el destino quiere que el toro manso, sea menso, vaya a dónde no debe ir y provoque tal escándalo en la feria del pueblo que el destino lo devuelve a la ganadería que lo vió nacer sin madre.  

Allá descubrirá que los toros de lidia tienen por destino la plaza de toros y que la gran mayoría muere a manos del matador. Hollywood alucina y nos da lecciones ridículas de que no debería de gustarnos ver morir a los toros de lidia en una plaza de toros. 


Cada quién decide si acepta ser manipulado o no y en qué grado y con qué bases, pero este filme a pesar de ser un chantaje de lo más rudimentario resulta divertido. Ferdinand es un toro de lidia, uno que no cumple el propósito para el que fue diseñado, o al menos no lo cumple del modo en que se espera que lo cumpla, pero gracias a su gran corazón tendrá éxito. 

Es una metáfora del niño gay que siendo objeto de burlas en su infancia y adolescencia, vuelve al pueblo y le demuestra a la gente que su homosexualidad no lo limitó. El torero del que se mofa la cinta se parece mucho a Salvador Dalí, pero Ferdinand quizá esté inspirado en Pedro Almodovar. 

La cinta va más allá y nos dice que tener mascotas y alejarlas de su entorno natural es bueno, mientras que comer animales es lo peor de lo peor y por eso debes comer puros vegetales. Extraigo esta idea de que la cinta expone como contraparte a los caballos finos que viven de lujo en contraposición a los toros que o mueren el el ruedo o van al rastro. Me pregunto si los guionistas saben que comer carne de caballo no es tan raro.

La cinta es una suma ridícula de ideología progre, pero es muy entretenida y por momentos conmovedora. Los padres tendrán que decidir si permiten que Hollywood confunda la mente de sus hijos o si los llevan a conocer una ganadería y una corrida de toros (para atestiguar la muerte de la que nadie escapa). Yo agradezco a mi padre haber estado en una tentada siendo un niño y valorar el miedo que provoca el retumbar de la tierra provocado por un toro de lidia. Pero también disfruté la babosada y la tontería de Ferdinand. (Ab.)

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