The Rainmaker - Francis Ford Coppola (1997)
EL PODER DE LA JUSTICIA está en Netflix. Tres años antes de que apareciera Erin Brockovich (2000), Matt Damon se convertía en un abogado principiante que trabajaba para el despacho corrupto de Mickey Rourke y se aliaba con el pasante Danny DeVito para acorralar en tribunales a una compañía de seguros. Muy probablemente, fueron las aseguradoras las encargadas de boicotear esta cinta que las muestra como sociedades dedicadas a la estafa. Además de los ya mencionados, participan en este proyecto otras leyendas como Danny Glover, Virginia Madsen, Dean Stockwell, Claire Danes, Jon Voight y Roy Scheider. Pero lo que brilla es la denuncia. El sistema de justicia está atrapado y sólo funciona cuando se le exige que funcione. Los jueces y los abogados saben que es más fácil proteger a los ricos que convertirlos en enemigos. La cosa es tan obvia y terrible que la cinta debió llamarse EL NULO PODER DE LA JUSTICIA. Y únicamente acepto el título en español porque para nosotros "El que hace llover" o "el amo de la lluvia" serían peores.
La cinta dura más de dos horas, mismas que se me fueron demasiado rápido. Cuando aparecieron los créditos, pensaba que estaba a la mitad y comenzaría lo salvaje. Me equivoqué. Pero mi decepción sirve para darme cuenta de lo bien construida que esta la historia. Danny Glover es un juez genial que intenta ser imparcial a diferencia de su predecesor.
Danny DeVito es un genio y acompaña al novato en cada paso protegiéndolo de su propia ignorancia. Más sabe el Diablo por viejo que por Diablo. Jon Voight es un villano a la medida, un abogado mañoso, tramposo, engreído y flojo que será vencido porque su representada es culpable y no fue diligente para limpiar su cochinero.
La historia de amor parece sobrar, pero su función es recordarnos que Rudy Baylor, el protagonista, todavía está muy verde. La cinta puede resultar desconcertante para las buenas consciencias, pero la justicia humana es siempre una buena intención y jamás será perfecta. Para los abogados es un recordatorio de que llegar a una sentencia es apenas la mitad del camino.
En días recientes preguntó la doñita, la que dice ser Presidenta Koná: ¿por qué confiarían más en la justicia gringa que en la mexicana? La pregunta es tan maligna y desgraciada que parece una burla descarada o tal vez un humor muy negro. Incluso cuando la SCJN fue profesional, la justicia era muy deficiente y siempre demasiado lenta. Ahora, con los ministros, magistrados y jueces elegidos por dedazo del bienestar, es obvio que la justicia, en México, es imposible. Primero, porque los encargados de administrarla no tienen la preparación necesaria; segundo, por siguen línea del partido en el poder y protegen a sus agremiados; tercera, porque la gente sin preparación es gente sin ética y ello les impide tener criterio, sin criterio jamás se hará justicia, ni siquiera legal. Controlar al poder judicial fue el último clavo en el ataúd de esta ficción llamada México.
Volviendo a la cinta. La justicia trastabilla pero el abogado logra inclinar la balanza a favor de su representado. Obviamente la justicia fue tan lenta que no dejó espacio para corregir, pero quizá en manos más experimentadas o con mejores contactos hubiera podido sancionar eficazmente a la empresa culpable. La inexperiencia hace que el triunfo del sistema legal sea una victoria pírrica. Podrás vencer al enemigo, pero la justicia es muy esquiva o francamente imposible. (Ab.)
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