Matka Joanna od Aniolów - Jerzy Kawalerowicz (1961)
Cerca del final, el exorcista visita a un rabino que es él mismo y tiene una conversación que subraya el origen literario de los demonios. Todo lo que cree Jozef es un invento que le fue enseñado. Apenas al visitar el convento puede probar la vida. El rabino incluso parece sugerir que resultaría más lógico que el mundo fuera una creación diabólica.
El judío obliga a Jozef a entender el engaño: Si los ángeles fueron creado por Dios, Satán no podría poseer un alma humana sin permiso del Creador. El amor es la base de todo lo que hay en el mundo. El amor es tan fuerte como la muerte. El amor por lo que nos rodea hace aparecer nuestros demonios.
El rabino menciona el Zohar y la Temurah (libros de la Cábala) que tratan sobre el origen de la creación, las letras y los significados ocultos de la Torá. Y señala al exorcista que para conocer a los demonios hay que dejarlos entrar. Finalmente el rabino echa a Jozef diciendo que aunque son lo mismo, el cristiano no está listo para aprender. Al quedarse solo dice que él tampoco sabe nada. Un pizca de hermetismo.
El desarrollo pausado y musical de toda la cinta es místico, meditativo y emotivo. Basta observar la belleza de los hábitos blancos en los tendederos. Si bien desde el inicio el Padre Brym advierte a Jozef que todo son patrañas, la cinta sabe ver que las mentiras son máscaras que la humanidad inventó para ayudarse a vivir.
Las tomas en picada del convento son maravillosas. Si bien se trata de una construcción fuerte y austera, sus muros lucen pequeños e incapaces de contener la juventud que los habita. Resulta simpático que cuando el deseo crece se mande fabricar una reja de madera que divida el espacio en que se encuentran la madre Juana y su exorcista para conversar cuando han estado juntos anteriormente.
Los acercamientos a los rostros de los actores permiten apreciar el brillo de sus ojos, su estado de ánimo, su malicia, su bondad, su necesidad de escapar. Lucina Winnicka (Juana), Anna Ciepielewska (Malgorzata) y Maria Chwalibóg (Antosia) le roban la película a Mieczyslaw Voit (Jozef). La cinta permite que una de las monjas tenga una noche de libertad en el bar cercano. Canta que prefiere ser monja antes que tener un marido insoportable. Pero pronto descubrirá que su alegría es pasajera. (Ab.)
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