Eye for an Eye - Colin Tilley (2025)
¿Cómo castiga el hombre de arena a los malos? Primero les hace soñar cosas horribles y después colecta sus ojos. Aunque la Ley del Talión, recogida en el Código de Hammurabi y en la Biblia (Exódo 21: 23- 25 y Levítico 24: 19-20), resulta importante para determinar ciertos detalles que no puedo revelar sin arruinar las sorpresas.
El hombre de arena es severo, castiga a quien mata la vaca, al que le agarra la pata y también al que pudiendo intervenir para evitar la injusticia se queda mirando. Y quizá en esa severidad radica la sorpresa y lo interesante.
Es fácil darse cuenta de que todos tenemos un nombre por tallar y que seguramente hay alguien que ya hubiera, con o sin motivo, tallado el nuestro. Pobre árbol necesitaría reponer toda su corteza cada día y el hombre de arena estaría ocupadísimo recolectando ojos por todo el país.
Esa sensación de que nadie estaría a salvo es lo que hace que la cinta crezca y por alocada que sea su premisa y los orígenes de la historia, nuestra necesidad de justicia es real. Obviamente es más fácil que un ser mitológico se encargue de hacer justicia, porque los humanos siempre tenemos pretextos y afectos que la hacen imposible.
Es verdad que la película exagera y termina por abusar de la conexión entre las pesadillas, el sueño lúcido y la realidad, pero que exista la posibilidad de corregir el daño causado y que el hombre de arena no ataque inocentes, aunque su nombre haya sido escrito en su corteza, resulta reconfortante. No da miedo, pero te pone a pensar. (Ab.)
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